Gracias, profesor Luis Miguel, por tanto. Abrazos positivos (hasta el cielo)

Era un viernes del 2015. Iba atrasada. Corría por los pasillos de la Universidad de Lisboa.
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-¿Disculpe, dónde es el salón del postgrado en Psicología Positiva?
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Llegué con la respiración entrecortada. Me estrellé con unos profundos ojos verdes, que sonreían, tomados de la mano, de la risa más auténtica que he visto. Eran los directores del curso: los profesores Helena Marujo y Luís Miguel Neto.
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-«Bienvenida, Tatiana»
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-Ahh, se saben mi nombre, pensé.
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Lo que yo no imaginaba, era todo lo que esa pareja, sabía.
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Desde ese primer instante de profunda empatía, inició un viaje al saber, completamente disruptor, cuestionador. De esos que, durante el vuelo, te sacuden, te elevan, te hacen soñar, para luego aterrizar en una realidad, llena de bienestar, que aprendiste a construirte -tu mismo- durante el trayecto.
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Las largas jornadas de clase, de los fines de semana, se hacían leves, no por el contenido, que era denso, sino por el trayecto. Los pilotos de ese vuelo, los «colegas esposos», como ellos mismos se llamaban, perfumaban la sala de un amor raro, profundo. He visto pocas parejas mirarse de esa manera, mientras trabajaban juntos…desde hace 45 años.
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Nos salpicaban de su amor por la psicología positiva, con humildad infinita, a pesar de ser pioneros de esa disciplina en Europa. Se encargaron de catalizar a sus alumnos. Definitivamente, nos transformaron.
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En esa sala, me prepararon para la fase más difícil de mi vida, la que vino a continuación.
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Un golpe de timón jurídico me sacó de Europa. Y, ellos, esa pareja de otra dimensión, cuatro años después, me sigue inspirando, y apoyando activamente. Son mis Líderes Positivos.
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Pensé en ellos cuando escogí el nombre de mi empresa: Líder Positivo
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Ayer, el profesor Luis Miguel, partió a otro plano. Él nos enseñó a cuestionar la vida con una risa abundante y sonora. Nos ayudó a ver los «pormayores», como él decía. Esas pequeñas cosas, que son las que construyen la verdadera felicidad.
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Gracias, profesor, por tanto. Su legado sigue vivo, de este lado del Atlántico. Me despido con la última frase que me escribió:
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Abrazos positivos (hasta el cielo)
llenos de oxitocina relacional.

@marujohelena @emapp

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